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Pixeles con pinceles (Leonidas Correa)
- Retrospectiva El nicaragüense Leonidas Correa resume 30 años de carrera en el Farolito (Costa Rica) (Nacion, CR)
La sabiduría popular nos dice que nadie es un billete de diez mil colones para gustarle a todo el mundo. Sin embargo, al menos una obra de Leonidas Correa (1965) nos gusta unánimemente: él creó la pintura que aparece en el billete de cinco mil colones. Señora, no diga que no conocía el trabajo de este artista pues lo ha expuesto en su cartera desde hace más de 20 años.
Las pinturas de Correa son tramposas: se disfrazan de fotografía. En venganza, su fotografía a veces gusta de creerse pintura. Cuando el espectador repasa los trabajos de este artista granadino (de Nicaragua, no de España), queda desconcertado por la variedad de obras que ha creado en sus 30 años de carrera.
El Centro Cultural de España invita a esta feliz confusión en una retrospectiva de Correa montada bajo el título de A través del lente pictórico . La exposición contiene acrílicos, pasteles, fotografías digitales y dibujos a tinta realizados por Correa entre 1979 y el 2009.
“Su obra contiene un realismo mágico que cautiva al espectador a través de la limpieza y la elegancia de su ojo fotográfico y su pincelada”, opina su galerista neoyorquino Remy Toledo.
Correa empezó mostrando su trabajo en pequeñas ferias de artesanía, pero sus obras pueblan actualmente galerías de Estados Unidos y forman parte de las propiedades de algunos de los más importantes coleccionistas de Hispanoamérica. El Farolito ilumina el camino en este tránsito.
Autodidacto. Cuando Correa todavía iba a la primaria, estudió dibujo al carboncillo, tinta y pastel en la Escuela de Bellas Artes de Granada, lo cual se convirtió en la base para proseguir un camino autodidacto en la pintura y en la fotografía.
“Llegué a Costa Rica cuando tenía 13 años y durante el colegio seguí pintando. Empecé con los paisajes, pero el primer cuadro que vendí fue uno de un ramo de rosas en la Feria Nacional de Artesanía”, recuerda el pintor.
Desde joven se basó en fotografías para realizar sus dibujos y pinturas, los que fueron ganando terreno en el estilo fotorrealista. En 1968, este término fue acuñado por el pintor estadounidense Louis K. Meisel para referirse a un modo de pintura emparentado al pop art y que serviría de contrapeso a la síntesis absoluta del expresionismo abstracto creado por Jackson Pollock.
En esta línea, el artista considera Interno (1986) como su mejor dibujo. Elaborado con lápiz sobre papel, la obra sugiere el moledero de una cocina en el que hay varios trastos de superficies reflejantes. Con estos objetos cotidianos y espejeados, el artista empezó un proceso que aún no termina, el que involucra espejos, ollas y teteras trabajadas tanto en su pintura como en su fotografía.
Acrílicos como Interior X (2000) y Dos platos (2002), muestran más que bodegones con objetos cotidianos. Los trastos que presenta el artista tienden a distorsionar la realidad doméstica que reflejan sus superficies, lo cual confiere cierta connotación surreal a sus obras.
Lo mismo puede decirse de fotos como Splash (2002) y My dreamed house (2002). Tan ambigua es la relación entre la pintura y la fotografía en la obra del nicaragüense que un acrílico como Dos platos reproduce incluso el efecto óptico del desenfoque de la imagen fotográfica que usó como insumo para la obra.
Movimiento. Leonidas Correa también ha detenido el movimiento de la figura humana. Por ejemplos, destacan varias pinturas que el artista ha elaborado con escenas en la playa y particularmente de personas caminando.
“Yo creo que el retrato ya no debe tener las características de antes, cuando se hacía con las personas posando. El tema de la caminata está más vinculado con lo moderno, con un tiempo cuando las personas se mueven constantemente”, opina el artista.
Promenade in Paris (2002) y Promenade II (1996) son dos obras que retratan a mujeres, de tamaño natural, caminando en primer plano. El acrílico, aplicado con aerógrafo, da un efecto suave y realista a la sombras y a las gradaciones de color.
Sin embargo, a Correa no solo le interesa el movimiento figurado en sus cuadros; también le importa que el espectador se mueva mientras los observa. El artista utiliza pigmentos iridiscentes que cambian de color en varias de sus obras según sea la perspectiva de observación. Estos son los casos de Rosa blanca (2000) y Busto (2001), cuyas texturas grises se tornan azuladas según el ángulo desde el cual le da la luz.
Estos efectos también se notan en Abstracto IV , una de las pocas obras abstractas de la exposición. El cuadro alude al paisajismo logrado con pinceladas de distintos colores que podrían simular agua y viento. “Ese tratamiento de los colores del agua me recuerda ciertos trabajos de Monet, solo que más abstracto y contemporáneo”, relaciona el autor.
Hubo un momento, durante los años 80, cuando los trabajos de Leonidas Correa se dejaron de parecer a los paisajes costumbristas que solía hacer e incluso al tipo de obras que hacía cualquier otro pintor en Costa Rica. ¿Qué sucedió en ese momento?
El artista no lo tiene claro; sin embargo, adivina: “El cambio sucedió a partir de la investigación que empecé a hacer con el acrílico y con las texturas. Al ser autodidacto, en esos momentos debí emprender experimentaciones formales que hicieron crecer el trabajo”.
Sus obras todavía incorporan una gran experimentación con las texturas, ya sea en las tramas que sirven de fondo a sus cuadros o directamente en sus figuraciones logradas con acrílico mezclado con arena, como en Dos marañones (2009). El experimento sigue en proceso.
Con un billete de cinco mil colones –cuyo papel reproduce el trabajo de Correa– no se compra lo que se adquiría hace 20 años. El dinero pierde valor, el talento lo suma. La obra de este artista se ha aquilatado con los años.