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El Sintagma Olvidado, por Lety Elvir

Historia y género en el canon literario centroamericano

2005, 15 de Octubre | Agrega un comentario

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“En [...]estos ejemplos, la mujer es el sintagma olvidado [...], una historiadora feminista de la subalternidad tendría que plantearse el problema de la mujer como asunto estructural más que marginal”. 1

El presente estudio aborda el tema de los procesos consagrantes de autores y textos literarios, con el objetivo de desvelar el carácter androcéntrico, discriminador e irresponsable que ha marcado la construcción del canon y de la historia de la literatura en la región centroamericana. En esta ocasión me he interesado sobre todo en el análisis de antologías (de cuentos y poesía) que están en connivencia con las universidades, y publicadas a partir de 1990; dicho análisis es desarrollado a partir de las categorías de canon (literario), género (literario), género2 (roles sociales asignados a cada persona en función de su sexo) y desde perspectivas pos-estructuralistas que ayudan a explicar algunos fenómenos de exclusión literaria
La exclusión, invisibilización y marginación de la literatura escrita por mujeres, en tanto sujetos de género, están registradas en los silencios de la historia, que no ha sido escrita por mujeres. Las antologías, los críticos literarios, los programas de estudio del sistema educativo en todos sus niveles han sido los paradigmas clásicos para establecer los juicios de valor de lo que puede ser o no puede ser un objeto de excelencia artística; son estos paradigmas de autoridad los que pretendo poner bajo sospecha, con el propósito de que mujeres y hombres revisemos, re-escribamos y corrijamos la historia, porque es necesario hacer justicia a las escritoras en el istmo centroamericano, aunque con ello se empañe el espejo del canon literario de nuestra región, porque urge construir una cultura equilibrada donde no se enajene a ninguno de sus sujetos protagonistas.

Nadie, a estas alturas del tiempo y con juicio crítico, podrá negar que ha habido -y que aún existe- ocultamiento y desvalorización de los aportes de las mujeres en la historia de la literatura centroamericana; tampoco podrá ignorar que las mujeres han sido “el sintagma [el grupo] olvidado” de los discursos narrados por lo historiadores e instituciones que distribuyeron el poder; que establecieron los paradigmas de la calidad estética; que impusieron los modelos del buen hacer, del buen leer y del buen criticar literario; que colocaron los mojones para fijar las fronteras de la distinción y del buen gusto literario; nadie puede aceptar como verdad absoluta, única, pura, monolítica y eterna la versión de una sola voz, si existe el reino de las muchas voces y de los diversos colores.

La distribución del poder en el campo de la literatura se mide generalmente con el grado de consagración en el canon literario clásico o tradicional. La canonización es un valor simbólico que, como bien lo explica Pierre Bourdieu (1997: 113)3, redunda en las ganancias económicas y políticas que suelen volver tautológico el círculo de la distribución del poder en el campo artístico. Por eso, al canon literario lo construyen, lo legalizan a través de una serie de instituciones.

Un acercamiento a los mecanismos y agentes de construcción del canon literario y del campo artístico en general en Centroamérica, podría ser el siguiente:
-Las antologías
-Los programas de estudio del sistema educativo, prioritariamente el universitario
-profesores universitarios de literatura (con sus comentarios o recomendaciones de lectura)
-los críticos literarios locales, consagrados como jueces
-los suplementos literarios de los periódicos nacionales
-las revistas de literatura
-los sellos editoriales
-la industria globalizada de editoriales, como Alfaguara
-los encuentros, simposios o congresos de literatura, como el CILCA
-la crítica y academias literarias internacionales
-agentes de publicidad y de comercio
-los premios Literarios
-las ferias de libros
-las presentaciones de libros
- los catálogos
-los mass media
-el público consumidor de arte y literatura

Debido a que la estructura de los campos culturales es de carácter entrecruzada o quiasmática, como lo analiza Pierre Bourdieu (1997: 177), las diversas jerarquías que lo componen (tanto las jerarquías en función del beneficio económico como las jerarquías en función del prestigio) también son entrecruzadas y su convivencia está basada en principios de diferenciación, tales como diferencias de géneros literarios, diferencias de valor simbólico, diferencias en la jerarquía del público consumidor “e incluso [diferencias] con la jerarquía de los autores en función de su procedencia social y de su sexo” (Bourdieu,1997: 178). Es decir, cuando se analiza una texto hay que tomar en cuenta también el sexo de la persona que escribe, que dice.

GÉNEROS (LITERARIOS) Y GÉNEROS

Por razones socioculturales determinadas en un momento histórico, y no por causas naturales ni biológicas, existen situaciones y prácticas discursivas asociadas y jerarquizadas en función del sexo de las personas. Se ha observado que en diferentes etapas de la historia algunos géneros literarios han sido producidos predominantemente por un género que por otro.
En la mayoría de los países centroamericanos estas jerarquías de valores en la última década, podrían graficarse de la siguiente manera:

1.Jerarquía a nivel del valor simbólico (y económico)


Novela
/\
Cuento•Poesía


La novela es el género literario que se consagra en Europa (Francia) desde mediados del siglo XIX , distinción que hasta entonces había ocupado la poesía en la jerarquía en función de su valor simbólico y el teatro, en su valor comercial. En la últimas décadas del siglo XX, la novela se consolida en Centroamérica como el género canonizado por excelencia, tanto a nivel económico como de prestigio; la poesía también en este caso fue desplazada del lugar privilegiado que tuvo, por ejemplo, en la construcción de “identidades nacionales”, en la construcción de la “nueva Nicaragua” inmediatamente después del triunfo revolucionario del FSLN, desde el Ministerio de Cultura y los talleres de poesía.

La poesía fue un canal de denuncias de las ocupaciones militares extranjeras, de la dependencia económica, dictaduras militares, también fue espacio de diálogo entre los diferentes escritores del área, que coincidieron en una o varias generaciones mayoritariamente comprometidas con los procesos de cambios estructurales que se emprendieron en la región desde antes de la década del noventa, me refiero, por ejemplo, a Roque Dalton, Matilde Elena López, Claribel Alegría, Otto René Castillo, Clementina Suárez, Pompeyo del Valle, Roberto Sosa, Eduardo Bahr, Manlio Argueta, Carlos Martínez Rivas, Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal, Christian Santos, Gioconda Belli, Alaidde Foppa, Ana María Rodas, Daysi Zamora, Vidaluz Meneses, Carmen Naranjo, Moravia Ochoa, entre otros y otras.
Además, algunos de los premios literarios latinoamericanos de mayor reconocimiento simbólico estaban destinados para el género poesía, tal como el premio Casa de las Américas, premio EDUCA, que fueron otorgados a varios de los escritores arriba mencionados, en el período antes señalado.

Actualmente, el cuento, género literario re-emergente en el área, se ubica casi en la misma posición que la poesía. Dentro de la narrativa el cuento tiene un valor simbólico menor en relación con la novela, pues, más bien se le ha visto como el hermano menor de esta última; además, la crítica literaria se ha centrado en el análisis de la novela, sobre todo de la llamada nueva novela histórica, y de la testimonial, exceptuando algunos cuentos de escritores, tales como Augusto Monterroso, Sergio Ramírez, Julio Jaramillo Levi, Carmen Naranjo, Rima de Vallbona. No obstante, es sintomático la publicación de varias antologías de cuentos centroamericanos en este período de intersiglos.

2. Jerarquía a nivel del género /sexo de quien escribe


Hombres
/\
Mujeres


La historia universal y regional de la literatura han construido un canon literario clásico, masculino, heterosexual, blanco y burgués, todo lo demás ha sido invisibilizado, marginado o despreciado por las instituciones consagrantes. En el caso de las escritoras latinoamericanas se percibe un cambio, básicamente a partir de 1975, declarado por las Naciones Unidas como “ Año Internacional de la Mujer”, que permitió sacar a luz la voz y los textos artísticos de las mujeres.

En Centroamérica el cambió más radical se perfila desde la década de los ochenta, no obstante es a partir de los noventa que las mujeres hacen una ruptura histórica, luchando por posicionarse en un lugar de poder a través de la ampliación del canon o, mejor aún, en la constitución de un anticanon que muestra lo heterodóxico, lo diverso, en la producción artística. Lo anterior no significa que el problema ya esté resuelto, sino que, tal vez, algunas bases se hayan debilitado, mas el camino por andar es todavía largo, mujeres y hombres tenemos que hacerlo.

3. Jerarquía en el valor económico y de prestigio en interrelación con la jerarquía de género (literario) y género:



Novela-Hombres
/\
Cuento-Poesía-Mujeres



El tercer numeral sencillamente trata de mostrar la relación género literario y género. Es decir, la novela, cuando se consagra, se convierte en un género literario producido mayoritariamente por hombres y sobre todo goza de más prestigio si es escrita por hombre, y la poesía, que ha sido desplazada, se feminiza, las casas editoriales consideran que es un riesgo económico publicar poesía, peor aún si es poesía escrita por mujeres o poesía escrita después del estertor de las balas y la sangre de la guerra civil centroamericana de los años ochenta.

En tal sentido, la jerarquía en función del valor simbólico y la jerarquía del valor económico-mercantil están íntimamente relacionadas con las diferencias de jerarquía de valor del sexo de la persona que escribe. Aquí se repiten las oposiciones de valor, canon/ no-canon, centro/ periferia, novela/ poesía, novela /cuento, hombre/ mujer, lo masculino /lo femenino, correspondiendo el sentido peyorativo al segundo componente de los pares de oposición.

En fin, el canon literario tradicional, al igual que otros constructos sociales, ha servido como fijador de estereotipos. El canon centroamericano ha construido estereotipos como fetiches, que niegan y temen a las diferencias de género sexual, diferencias de géneros literarios, diferencias de identidades étnicas y sexuales, diferencias del color de la piel4, etc.

Como hemos visto, tanto las teorías de la subalternidad como las teorías de la recepción, entre otras, permiten explicar no sólo la interdependencia que hay entre producción y recepción, sino también la interrelación entre recepción, canon literario, género literario, género o la perspectiva de género de quien produce, de quien lee o critica; por eso, desconstituir las redes de estos sistemas es básico para una nueva hermenéutica, para “una epistemología responsable” (Zavala,1999: 28)5 de la historiografía literaria.


Los cambios vienen de afuera, pero también del interior

Los cambios vienen de afuera, pero también del interior de cada país del área; de la misma manera, los cambios podemos verlos desde afuera del texto, pero también desde su dinámica interior, porque son contextos que se interrelacionan mutuamente.

A partir del análisis de ese juego adentro- afuera se perciben un cambio en la literatura de América Central, cuyos factores ya se han indicado: el fin de la guerra civil centroamericana o, mejor dicho, la firma de los acuerdos de Paz (el último en firmarse fue el de Guatemala, en 1996) que marcaron el inicio de una nueva etapa socio-política en Centroamérica; reintegro de los guerrilleros y guerrilleras a la sociedad civil; los grupos que se mantienen en el exilio y los que regresan; nuevas circunstancias para la producción artística, que permitieron a un grupo de mujeres militantes (y no militantes) tener tiempo en las nuevas condiciones para dedicarse a producir textos literarios que hablaran de su experiencia como mujeres; además, se desarrolla la crítica literaria feminista y se consolidan académicamente las teorías feministas al ser reconocidas como herramientas determinantes en las investigaciones del área de las humanidades en las academias de Estados Unidos y Europa.

Este conjunto de nuevas situaciones, de cambios de paradigmas, confluyen a favor de las manifestaciones y postulados de las mujeres escritoras y de otros grupos marginados en nuestras sociedades.
Algunas de las cuentistas6 que rompen el horizonte de expectativas en la década de los noventa
Ana María Rodas
Mildred Hernández
Aída Toledo,
María Eugenia Ramos
Rocío Tábora,
Jacinta Escudos
Claudia Hernández
Patricia Delgadillo
Marisela Quintana
Rima de Vallbona
Anacristina Rossi
Moravia Ochoa
Digna Valderrama, entre otras.
Estas autoras han hecho rupturas tanto por el estilo de escribir como por los temas y re-lectura de mitos, como el de la maternidad, el matrimonio, la familia, la relación madre-hija, además por su perspectiva crítica y de género sobre los proyectos revolucionaros de la década del setenta y ochenta; en todos ellos hay una búsqueda de auto-representación, de construcción de identidades del sujeto femenino, así como una ocupación en la desconstrucción de la historia.
Situación similar sucede en la poesía actual de poetas centroamericanas7, como Marta Leonor González, Tania Montenegro, Carola Brantome, France Montenegro, Blanca Castellón, Amanda Rivas, Elena Ramos, entre otras, de Nicaragua; Maya Cú Choc, Mónica Albizúrez Gil, Rossana Estrada Búcaro, Regina José Galindo, Carmen Matute, Luz Méndez de la Vega, Isabel de los ángeles Ruano, entre otras, de Guatemala; Silvia Matus, Silvia Elena Regalado, Dina Posada, Nora Méndez, Eva Ortiz, Susana Reyes, Tania Molina, entre otras, de El Salvador; Juana Pavón, Amanda Castro, Claudia Torres, Helen Umaña, Armida García, Diana Espinal, Indira Flamenco, entre otras, de Honduras; Carmen Naranjo, Ana Istarú, Delia Mc Donald, María Montero, Julieta Dobles, Ana Antillón, Laura Fuentes, entre otras, de Costa Rica; Moravia Ochoa, Bertalicia Peralta, Consuelo Thomas, Katia Chiari, Gloria Young, Yolanda Hackshaw, Eyra Harbar, entre otras, de Panamá.


El cuento, junto a la poesía, es el género literario más trabajado por las mujeres centroamericanas. Han sido ellas las primeras no sólo en contarlos oralmente y en escribirlos en nuestra región, sino que lo han hecho introduciendo innovaciones en la estética y temáticas de los mismos, y en la narrativa en general; sin embargo la historiografía de la literatura continúa equivocándose, continúa ocultando a las mujeres, a sus producciones y aportes literarios.

En la línea de pensamiento de Mijail Bajtín, entiendo por género literario un discurso inmerso en las condiciones sociales que lo producen, y que produce a la vez; un discurso que se articula por relaciones dialógicas y que, por tanto, es discurso comprometido (no neutral) de un lenguaje en un contexto particular. Es decir, “el hablante en la novela [para nuestro caso, léase cuento o poesía], siempre es, en una u otra medida un ideólogo que defiende y pone a prueba sus posiciones ideológicas; se convierte en apologista y polemista” (Bajtín,1991:150)8.

Las antologías y los diccionarios de escritores también son discursos canónicos que, por cierto, algunos han comenzado a “feminizarle” los títulos (cuando lo común era que el término masculino suponía designar a ambos): “escritores y escritoras”, “autores y autoras” , pero siempre excluyendo a las mujeres o incorporándolas en cantidades mezquinas . Por tanto, no sirve de nada “feminizar” las palabras si no se va a manifestar en la práctica, con hechos, que avanzamos hacia una cultura equilibrada, hacia una nueva historiografía literaria.


Iris M. Zavala, en su postura sobre el canon, nos recuerda que “el canon o lo canonizado [al igual que el género sexual] no es un hecho ni biológico ni transhistórico, sino una construcción discursiva contingente, y resultado de prácticas discursivas sobredeterminadas”9.


Otros cánones se están configurando simultáneamente en América Central, de ahí que el canon literario no sea una instancia fija, homogénea, neutral, imparcial, armonioso, ni único, ni singular. El canon, o los cánones, en cada país centroamericano necesita ser leído de otra manera, entendido desde una hermenéutica responsable que asuma metodológicamente las diferentes voces. Por eso es innegable la importancia del perfil de responsabilidad del crítico literario, o de los antólogos, porque con su función están haciendo historia.


Las antologías, el canon literario y el género

Las antologías han tenido un papel muy importante en la estructuración del canon literario, desde su nacimiento a finales del siglo XVIII10. Toda antología es una colección de obras (o muestras) seleccionadas de otras ya publicadas (o inéditas) con el fin de divulgarlas como modelos a valorar e imitar por un público mayoritariamente compuesto por sectores vinculados a la educación, las artes y las Letras.
Toda antología es, entonces, un mecanismo que consolida autores, consagra géneros literarios, abre mercados, etc, a través de una persona antóloga, “crítico y super lector”, que consagra y es consagrado a la vez como autoridad especializada. Hasta aquí no he hecho más que describir tal mecanismo, pero lo importante no es saber sólo cómo funciona, sino analizar sus consecuencias, preguntarnos qué visión del mundo, qué hábitus se formó en el público lector de las antologías, particularmente las juventudes, los estudiantes, los profesores que ahora reproducen con sus alumnos lo que aprendieron, o ponen en práctica lo que está indicado en los programas de estudios de los diferentes niveles del sistema educativo oficial de nuestros países. ¿Cuántas escritoras están incluidas en las antologías?, ¿Cuántas obras o nombres de autoras lee un estudiante en su paso por el colegio o universidad?, ¿Cuántas mujeres están mencionadas en los diccionarios literarios?, ¿Los antólogos han sido justos en sus selecciones o han traicionado la representatividad de la historia literaria?, ¿Han sido responsables los Departamentos de Letras de las universidades con la selección y jerarquía de libros, autores y géneros literarios que actualmente hacen circular entre sus docentes y estudiantes?
Las respuestas son obvias, se leen en el ambiente y en “el buen gusto” exclusivo de la gente que se ha formado con una enciclopedia o historia literaria mutilada, excluyente, irresponsable e injusta, que ha ocultado y olvidado la versión de las mujeres; que ha reproducido patrones rancios llenos de inequidad, basados en una preceptiva literaria homosocial masculina en detrimento de las mujeres y de otros grupos subalternos.

A continuación presento algunos datos estadísticos de una serie de antologías que han sido publicadas recientemente:
Con ellas podrán hacer comparaciones y conclusiones, se podrá observar en qué países (o individuos) se ha avanzado o retrocedido en la valoración y conocimiento de las obras femeninas, y mucho más.

He dado prioridad a una serie de antologías de poesía y cuento publicadas simultáneamente por la editorial universitaria centroamericana, EDUCA (organismo editorial del Consejo Superior Universitario Centroamericano –CSUCA- que aglutina a 15 universidades de los 7 países centroamericanos11) por su vinculación con procesos educativo oficiales. Este proyecto antológico se realizó con el objetivo de dar a conocer la producción literaria representativa de cada país centroamericano, desde sus inicios hasta 1998, fecha de su publicación, mediante la donación de las antologías a las diferentes bibliotecas centroamericanas y algunas del extranjero, y, por supuesto, también mediante la venta al público.

Antologías de cuentos y poesía escogida de cada país centroamericano

1. Arias, Arturo (Selección y prólogo). 1998. Guatemala: Cuentos escogidos. San José: Educa.
Incluye a 18 cuentistas: 16 autores y 2 autoras, es decir: 89% (hombres) y 11% (mujeres)
2. Roque Baldovinos, Ricardo (Selección y prólogo). 1998. El Salvador: Cuentos escogidos. San José: Educa.
Incluye a 18 cuentistas: 17 autores y 1 autora, es decir: 94 % (hombres) y 6 % (mujeres)
3. Lara Martínez, Rafael (Selección y prólogo). 1998. El Salvador: poesía escogida. San José: Educa.
Incluye a 18 poetas: 15 autores y 3 autoras = 83% (hombres) y 17% (mujeres).

4. Sosa, Roberto (Selección y prólogo). 1998. Honduras: Cuentos escogidos. San José: Educa.
Incluye a18 cuentistas: 18 autores y 0 autoras, es decir: 100% (hombres) y 0% (mujeres).
5. Sosa, Roberto (Selección y prólogo). 1998. Honduras: Poesía escogida. San José: Educa.
Incluye a 26 poetas: 24 autores y 2 autoras, es decir: 92% (hombres) y 8% (mujeres).
6. Valle Castillo, Julio. 1998. Nicaragua: Cuentos escogidos. San José: Educa.
Incluye a 13 cuentistas: 13 autores y 0 autoras, es decir: 100% (hombres) y 0%(mujeres).
7. Valle Castillo, Julio(Selección y prólogo). 1998. Nicaragua: poesía escogida. San José: Educa.
Incluye a 18 poetas: 4 autoras y 14 autores, es decir: 12% (mujeres) y 78% (hombres).
8. Monge, Carlos Francisco (selección y prólogo), 1998. Costa Rica: poesía escogida. San José: Educa.
Incluye a 20 poetas: 5 autoras y 15 autores, es decir: 20% (mujeres) y 80% (hombres).
9. García de Paredes, Franz (selección y prólogo), 1998. Panamá: cuentos escogidos. San José: Educa.
Incluye a 15 cuentistas: 14 autores y 1 autora, es decir: 93% (hombres) y 7% (mujeres).
10. Martínez Ortega, Arístides (selección y prólogo), 1998. Panamá: poesía escogida. San José: Educa.
Incluye 22 poetas: 19 autores y 3 autoras, es decir: 86% (hombres) y 17 % (mujeres).
En suma, según lo narrado en estas antologías, en Centroamérica hay 21 mujeres poetas y 6 cuentistas, siendo Nicaragua y Honduras los países donde no existe ni siquiera una escritora de cuentos; mientras tanto, los poetas ascienden a 89 y los cuentistas a 76, Honduras es el país que aparece con más hombres poetas y cuentistas que el resto de Centroamérica (24 y 18 respectivamente).
En estas antologías se podrá observar, además, otros datos interesantes, como los referidos a los vínculos literarios de los antólogos, y su mayor, menor o ningún reconocimiento a las autoras; la lista de nombres de los seleccionados y las seleccionadas; la cantidad y extensión de los poemas y cuentos escogidos; los criterios de selección; a quién adjudican la paternidad o maternidad de los dos géneros literarios estudiados; los temas y estilos de escritura de los cuentos y poemas elegidos; en fin, muchos elementos que quedarán para estudios posteriores y para otras personas interesadas en el análisis de textos centroamericanos.

Los índices de las antologías mencionadas inducirían a pensar que en algunos países de Centroamérica no hay mujeres escritoras, o que las hay muy pocas, o que sus obras son de mala calidad. En al menos uno de los prólogos la omisión de escritoras se justifica en una supuesta “inmadurez” de su producción literaria, en tal sentido no merecen estar adscritas; más de una antología está presentada como el catálogo representativo de “la construcción de la nacionalidad” y de la historia (literaria) nacional y regional.
Visto así, entonces, las mujeres una vez más están fuera de las historias o están disminuidas, degradadas, ya que su representación no corresponde de manera justa ni responsable con la realidad de su basta producción literaria, más corresponde a un estancamiento, y a veces hasta retroceso, en el pensamiento y visión de mundo de las personas e instituciones (y sociedades) encargadas de nombrar oficialmente, salvo ciertas excepciones.

Mas estas antologías también dicen mucho con sus silencios y exclusiones si, por ejemplo, las ponemos a dialogar entre ellas o con otras antologías como las que se señalan a continuación:
Otras Antologías por país

De Guatemala:
1. Estrada Búcaro, Rossana y Romeo Moguel Estrada (Antólogos), 2001: Voces de posguerra. Antología de poesía guatemalteca. Guatemala: FUNDARTE.
Incluye 86 poetas con producción literaria sólo de la década de los noventa, voces nuevas casi todas: 27 mujeres y 59 hombres: 31% autoras y 69% autores.
2. Muñoz, Willy (Antólogo), 2001: Antología de cuentistas guatemaltecas. Guatemala: Letra Negra.
Contiene una selección de cuentos de 15 escritoras guatemaltecas.

De El Salvador:
1. Red de Mujeres Escritoras Salvadoreñas. 1997: Mujeres en la literatura salvadoreña. San Salvador: Imprenta Public.
Incluye a 132 escritoras desde 1885 hasta 1997.

De Honduras:
1. Pineda, Ada Luz (Antóloga). 1998: Honduras: Mujer y poesía. Tegucigalpa: Guardabarranco.
Registra 74 mujeres poetas de 1865 a 1998.
2.Umaña, Helen. 1999: Panorama crítico del cuento hondureño (1881-1999). Tegucigalpa/ Guatemala: Editorial Iberoamericana/ Letra Negra.
Helen Umaña, investigadora entusiasta de la literatura hondureña, ha hecho un estudio valioso de la trayectoria del cuento en Honduras, que registra el nombre de 28 mujeres autoras de cuentos (y 161 de hombres).
De Nicaragua:
1.Zamora, Daisy (Antóloga). 1992: La mujer nicaragüense en la poesía (Antología). Managua: Editorial Nueva Nicaragua.
Incluye 20 poetas. Hay que tomar en cuenta que esta antología es de 1992 y, por tanto, no puede recoger la producción literaria de las poetas de la última década donde las mujeres han ocupado mayor espacio en la literatura.

De Costa Rica:
1. Berrón, Linda (antóloga). 1994: Relatos de mujeres: Antología de narradoras de Costa Rica. San José: Editorial Mujeres.
2. Berrón, Linda (Antóloga).1998: Relatos del desamor. San José: Editorial Mujeres.
En conjunto, estas dos antologías reúnen a 30 mujeres cuentistas de Costa Rica.

De Panamá:
1. Jaramillo Levi, Enrique (antólogo), 2003: Panamá Cuenta: Cuentistas del centenario (1851-2003). Panamá: Editorial Norma.
Incluye 60 cuentistas. 12 , (20%) son mujeres.

Antologías Centroamericanas (regionales) de cuento

1. Garces Larrea, Cristóbal (Selección y prólogo), 197(?/ s.f.): Narradores centroamericanos contemporáneos. Quito: Ariel Universal. Contiene 34 cuentistas: 31 hombres y 3 mujeres (2 panameñas y 1 costarricense). 91% hombres y 9% mujeres.

2. Ramírez, Sergio (Antólogo), 1973 (primera edición): Antología del cuento centroamericano. San José: Educa.
Reúne a 63 cuentistas: 60 hombres y 3 mujeres (1 salvadoreña y 2 de Costa Rica). 95% y 5% respectivamente.
(Esta misma antología, pero con edición de 1977, reduce a 49 los antologados: 46 hombres y 3 mujeres).
3. Délano, Poli (Antólogo), 2000: Cuentos Centroamericanos. Barcelona: Editorial Andrés Bello.
Su selección incluye a 21 cuentistas: 16 hombres y 5 mujeres (2 de Panamá, 2 de Costa Rica y 1 de El Salvador). 76% y 24%, respectivamente.
4. Mejía, José (Selección y prólogo), 2002: Los centroamericanos (antología de cuentos). Guatemala: Editorial Santillana.
Contiene una selección de 21 cuentistas, de los cuales 19 son hombres y 2 son mujeres (ambas de nacionalidad salvadoreña). 91% y 9%, respectivamente.
5. Mackenbach, Werner (Compilador), 2004: CICATRICES: un retrato del cuento centroamericano12. Managua: Anamá Ediciones.
Muestra 37 cuentistas: 26 hombres y 11 mujeres: 70% y 30% respectivamente, ( 2 de Guatemala, 2 de El Salvador, 2 de Nicaragua, 4 de costa Rica y 1 de Panamá); el 95% de los cuentos de esta antología fueron publicados entre 1980 y 2004.

Antologías centroamericanas (regionales) de poesía.
1. Armijo, Roberto y Rigoberto Paredes (Selección y notas), 1983: Poesía contemporánea de Centro América (selección de poetas nacidos alrededor de 1900-1950). Barcelona: impreso en Gráficas Diamante.
Incluye 41 poetas: 35 hombres y 6 mujeres (3 de Costa Rica, 1 de Nicaragua, 1de Honduras, 1 de El Salvador y 0 de Guatemala). 85% y 15%, respectivamente.

2. Jaramillo Levi, Enrique y Salvador Medina Barahona (Compiladores), 2003. Construyamos un puente:31 poetas panameños nacidos entre 1957-1983. Panamá: Universidad Tecnológica de Panamá.
De los 31 integrantes, 22 son hombres y 9 son mujeres: 71% y 29%, respectivamente.

3. Albizúrez Palma, Francisco (Antólogo), 2003: Poesía contemporánea de la América Central13. San José: Editorial Costa Rica.
Incluye 62 poetas: 44 hombres y 18 mujeres (6 de Guatemala, 2 de El Salvador, 1 de Honduras, 3 de Nicaragua y 6 de Costa Rica). 71% y 29%, respectivamente.

CONCLUSIONES

Urge una genealogía femenina centroamericana, una genealogía de las escritoras, porque es necesario que las estudiosas (y estudiosos) de la literatura y de la historia de Centroamérica contribuyan de manera activa al proceso de construcción de esa historiografía pendiente que deberá ser justa y desconstructora de los relatos maestros, los mismos que han excluido a las mujeres, en tanto sujetos sexuados; que las han ocultado e invisibilizado tras el estereotipo de lo femenino como argumento de desvalorización y tras conceptos de casta , clase, nación, Humano, etc.: conceptos-categorías importantes en su interrelación porque conforman al sujeto, pero no por ello debe seguirse arrebatando ni olvidando los aportes de una de las dos mitades que habitan el planeta.

La discriminación en función de la pigmentación de la piel, de la religión, cultura, género, identidad sexual, o de cualquier otra índole, no es más que una separación brutal que no beneficia ni a hombres ni a mujeres, pero sí a una estructura patriarcal, neo-colonial capitalista, para mantener su status quo, incluso ahora en su etapa transnacional y mundializada.

En Centroamérica, a partir de las décadas de los ochenta y noventa , las heridas de la historiografía literaria comienzan a dar señales de cicatrización; la “amnesia” en las antologías literarias ha comenzado a “olvidarse”, a veces a regañadientes, otras veces con valoración sincera, y a pesar de que todavía se pasean dinosaurios por nuestros parques literarios, podemos observar el avance. Poco a poco las escritoras están ocupando espacios, tomando la palabra, susurrando, haciendo ruidos, inscribiendo sus nombres, filtrando sus voces cada vez más y más, subvirtiendo así el canon desde los centros y, sobre todo, desde las periferias. Ya no hay más canon, sino cánones o anticánones literarios. Y en este proceso de avance varios hombres están incorporados con la mente y el corazón abiertos.

Las mujeres centroamericanas necesitan consolidar esfuerzos, compartir experiencias, conocerse más, organizarse más, definir estrategias, hacer pactos entre ellas y con otros sectores conscientes e interesados en releer y rescribir la historia.

NOTAS

1. Ver: Spivak, Gayatri en “Desconstruyendo la Historiografía”, incluido en Rivera Cusicanqui y Rossana Barragán (comps.), 1997. Debates Post coloniales: Una introducción a los Estudios de la Subalternidad. La Paz, Bolivia: Historias, Sephis, Aruwiyiri. Págs. 274-275.

2. De aquí en adelante utilizaremos la palabra género para referirnos a la categoría de la teoría feminista de análisis de la diferencia sexual y género literario para referirnos a la categoría de la teoría literaria de análisis de los discursos.


3. Ver: Bourdieu, Pierre. 1997: Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario. Barcelona: Anagrama.

4. Para más información sobre el estereotipo como fetiche, ver: Bhabha, Homi. 2002: El Lugar de la cultura. Buenos Aires: Manantial.

5. Esta lista de escritoras centroamericanas es sólo una pequeña muestra del universo de autoras de la región, la mención de estos nombres en particular se debe a que algunos de sus cuentos serán objeto de estudio en mi tesis doctoral. En la misma tesis adjuntaré un inventario completo de escritoras que hayan publicado libros de cuentos entre 1992 y 2002.

6. En: Díaz-Diocaretz, Mirian e Iris Zavala (Coords.), 1999: Breve historia femenista de la literatura española. Barcelona: Anthropos.

7. Más información en mi ensayo Cuando la primera persona habla en femenino: identidades y poesía centroamericana actual. (en edición).

8. Bajtín, Mijail. 1991. Teoría estética de la novela. Madrid: Taurus Ediciones.

9. Zavala, Iris M. “El canon y la escritura en Latinoamérica”, en revista Casa de las Américas. N° 212, julio-septiembre de 1998. Págs. 33-40.

10. Véase el ensayo de Aradra sánchez, Rosa María: “El papel de las antologías en la formación del canon”, en: Pozuelo Yvancos, José María y Rosa María Aradra Sánchez, 2000: Teoría del canon y literatura española. Madrid: Cátedra. Págs. 161-172.

11. De esta serie de publicaciones, EDUCA no editó las antologías correspondientes a Belice, ni la de poesía de Guatemala, así como tampoco la colección de cuentos de Costa Rica.

12. Esta antología es la única que incluye cuentos de escritores de Belice, tres relatos en total, ninguno escrito por mujer.

13. Es importante señalar que una nota introductoria de esta antología nos informa que es parte de un proyecto cultural- institucional denominado PENSAMIENTO CONTEMPORÁNEO DE LA AMÉRICA CENTRAL, de la Editorial Costa Rica, apoyado por la UNESCO quien en 1987 determinó la ayuda al mismo, con el compromiso de que se publicaran 6 tomos en un plazo de cinco años, a partir de la edición de los primeros dos volúmenes. Desconozco a la fecha si este proyecto tuvo continuidad.


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