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10/04/2006

El barbero, de Ernesto Soto

Obra incluida en el XII Festival Internacional de Teatro en el Justo Rufino Garay El personaje del barbero está por recibir a su segundo hijo, un varón. La alegría que le invade lo hace trabajar con mucho ánimo, y entre pláticas con su clientela, conocemos de su filosofía de vida. La obra, un monologo actuado por Yulio Calero y dirigido por Ernesto Soto, nos presenta 4 situaciones en que el personaje tuvo que realizar decisiones, las cuales dejo pasar para no tomar responsabilidades, pero que le trajeron consecuencias personales. Debido a su opción de no decidir, no opinar, el barbero pierde a su mejor amigo arrastrado por un río, es sentenciado por cómplice en una violación por no detener que sucediera, es obligado a casarse al embarazar a una muchacha; pero ese día, con su esposa a punto de darle un hijo, tiene que tomar una decisión final: el embarazo se ha complicado, y debe decidir quien sobrevivirá, si la madre o el bebe, su varoncito. La historia de sus aventuras es contada a los clientes que, al escuchar los sucesos, cuestionan y critican la falta de carácter de no decidir. El barbero alega en toda ocasión que ninguna de las situaciones fue su culpa, que simplemente hizo lo que la mayoría decía, pero al mismo tiempo aprovecha su posición de barbero para señalar a los ojos a los clientes, sentados en la silla de barbero, y apuntarles con las tijeras y navajas de su propio trabajo. Realmente creía tener inocencia sobre todo lo sucedido, pero defendía su verdad con el filo hacia delante. Las situaciones en las que se ha visto envuelto lo han llenado de culpa y recuerdos: el dedo (acusador según el mismo barbero) de la mano de su amigo antes de desaparecer en el río, los gritos de la mujer que dejo fuera violada, la oscuridad de la cárcel, la furia enmachetada de la familia de su futura esposa. Él no desea recordar, y ante los señalamientos de sus clientes, la amenaza es su única defensa. La obra aprovecha los recursos del escenario para poder recrear con poco objetos al personaje en distintas situaciones: mientras es arrastrado por el río, conduciendo un vehículo, haciendo cortes de cabello, representar una violación, o ser puesto tras las rejas. En el último momento se encuentra ante la situación de un embarazo complicado, en que madre e hijo están en peligro y solo uno puede sobrevivir. La decisión que tome es literalmente de vida o muerte; y pone en una obra llena de referencias a un ambiente rural el tema del aborto: ¿Abortar y salvar a la madre? ¿o salvar al bebe, al varoncito? El barbero no quiere tomar tal riesgo, exige que sean los médicos, pero es él quien debe decidir, es el único. Tal preocupación social de la obra se deja sentir en el mensaje que da al público: es necesario que se detengan las violaciones, que la forma de resolver conflictos no sea a machetazos (así fue como fue obligado a casarse, o como él mismo acalla las críticas que recibe), incluso que se debe votar en las elecciones, que no se debe temer dar una opinión. El decidir implica un acto voluntario y conciente. Esta obra tiene el subtexto de promover la participación ciudadana, favoreciendo unas ideas políticas sobre otras; pero de nuevo, es cada persona la que debe decidir que camino tomar: ¿Abortar y salvar a la madre? ¿o salvar al bebe, al varoncito?

1 comentarios:

A las 9:09 AM , El ojo de Adrián ha dicho...

Solicitando permiso par reproducir este post con el debido crédito al blog en el próximo número de El ojo de Adrián (enero 2007).
www.elojodeadrian.blogspot.com

 

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